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lunes, 21 de junio de 2010

Productividad estancada

El crecimiento sostenido de cualquier economía se explica por dos elementos: el aumento en la cantidad de los factores de la producción, principalmente en el acervo de capital por trabajador y en las ganancias en productividad que se derivan particularmente de la incorporación de cambios tecnológicos en los procesos productivos así como del aprovechamiento de economías a escala. La economía mexicana lleva tres décadas sin experimentar un crecimiento económico sostenido, un crecimiento que se traduzca en un mayor PIB real por habitante y un mayor nivel de bienestar de la población por una razón básica: no ha habido en estos años un aumento significativo de la productividad.
El poco aumento que ha habido se deriva de que una parte de la mano de obra, principalmente aquellos que laboraban en la agricultura de subsistencia, han migrado a las zonas urbanas, empleándose en trabajos de mayor valor agregado. Muy poca ha sido la aportación de nuevas tecnologías que incrementen la productividad factorial total y menos aun el aumento en el tamaño de las empresas en operación que se traduzca en el aprovechamiento de potenciales economías a escala.
Existen en la economía mexicana diversos elementos que inhiben el crecimiento de la productividad y, por lo mismo, inhiben el crecimiento económico. Uno, sin duda importante, es la baja tasa de acumulación de capital humano entre la población aunado a la baja calidad de la educación que se imparte en el sistema educativo nacional. Una fuerza laboral con muy poco capital humano y, pero más aun, de calidad deficiente, se constituye como un elemento que inhibe la introducción de tecnologías modernas en la producción y, en consecuencia, inhibe el incremento de la productividad. Pelearse con el SNTE y otros sindicatos del sistema educativo es una misión imposible.
Un segundo elemento es la enorme maraña de regulaciones y trámites, ante todos los órdenes de gobierno, pero particularmente en los niveles estatal y municipal. Los muy altos costos de transacción que se derivan de ello, implican dos cosas. La primera es que para muchas empresas legalmente constituidas, crecer es demasiado costoso por lo que permanecen con un tamaño que les impide aprovechar economías a escala y, en la mayoría de los casos, operando con tecnologías obsoletas. La segunda es que muchas empresas optan por operar en la ilegalidad, en unidades de producción tan pequeñas que el único resultado es una muy baja productividad. Los llamados a una más eficiente regulación, han sido siempre palabras que se las lleva el viento; simplemente no hay algo significativo que se haya logrado en esta materia.
Uno tercero, ligado al anterior, es la existencia de un sistema de seguridad social dual, IMSS – seguro popular. Este sistema, por su propio diseño, promueve la informalidad ya que algunos trabajadores preferirán repartirse con sus empleadores los costos de estar afiliados al IMSS sin perder por ello, a través del seguro popular, el acceso a la atención médica. Es por lo mismo, deseable moverse hacia un sistema único de seguridad universal.
Uno más es la notable deficiencia en la protección de los derechos de propiedad intelectual, tanto por parte del ministerio público federal como del Poder Judicial Federal. La piratería de marcas y procesos es tan grave en México que se inhibe la introducción de nuevas tecnologías.
Y hay muchos más pero se acabó el espacio. Seguirá.

viernes, 28 de mayo de 2010

Competitividad

Cada vez que aparece algún indicador sobre competitividad comparando varios países, sea este del Banco Mundial, del WEF, del IMD, etcétera, México va como los cangrejos, ”pa’ tras”. El resto del mundo avanza, particularmente los países asiáticos y algunos latinoamericanos, alcanzando cada vez mayores niveles de productividad, mientras nosotros seguimos parados. Sorprende, por lo tanto, la declaración de la Secretaría de Economía de que en esta materia, la de competitividad internacional de México, “ya tocamos fondo” y que a partir de ahora nos va a ir cada vez mejor. Sorprende esta declaración porque no hay nada en el horizonte que nos haga percibir que así va a suceder. Y no va a suceder porque todos los cambios que se requieren hacer para lograr que la economía sea más productiva están detenidos, están bloqueados por poderosos grupos de interés que buscan proteger sus rentas. Algunos ejemplos.
Hace ya varios meses, el presidente Calderón ordenó a sus secretarios de Estado que se hiciese una revisión a fondo de todos las regulaciones federales y se eliminaran aquellas que no servían y que encarecían, si no es que de plano bloqueaban, la actividad del sector privado Al parecer los secretarios no le hacen caso al presidente porque la tan llevada y traída desregulación está atorada. Los burócratas son especialistas en justificar tal o cual regulación con tal de mantener sus rentas, administrándola discrecionalmente para poder extorsionar al sector privado. Y ya no se diga lo que sucede en los niveles estatales y municipales, donde la carga regulatoria es todavía más pesada. La corrupción está asolando a México.
En materia laboral, la actual legislación y regulación no es compatible con una economía que está abierta al comercio exterior y a los movimientos de capitales. Tenemos una legislación que encarece la utilización de mano de obra, que inhibe el cambio tecnológico y consecuentemente también inhibe la productividad. Se hace una propuesta de reforma a la Ley Federal del Trabajo y la reacción en el Congreso por parte del PRI y del PRD es que no; no va. Y no va porque está en el interés de los líderes sindicales que no se apruebe ninguna reforma que les quite sus rentas.
En materia de competencia económica, y contra todos los pronósticos, la Cámara de Diputados aprobó significativas reformas a la Ley Federal de Competencia Económica y el mismo día en que la minuta fue enviada al Senado para ser ratificada el Senador Beltrones, con muy mala leche, mete su propia iniciativa, lo que hará que sea muy difícil, sino que imposible que se apruebe finalmente la mencionada reforma. Y entonces vale la pregunta, ¿a quién o a quienes le protege sus rentas el Senador?
Ligado con lo anterior, los precios de las telecomunicaciones (telefonía e internet) en México son de los más altos de mundo. Urge una nueva ley en esta materia pero los principales beneficiarios del statu quo ineficiente que les permite apropiarse de cuantiosas rentas se oponen y por lo tanto, en el Congreso esto simplemente no avanza. Y en otro ámbito, ¿por qué el presidente Calderón no aprueba, por decreto, que haya un tercer canal de televisión abierta?
Y así, con todos los cambios que se necesitan para hacer a la economía más productiva bloqueados, ¿por qué dejaremos de perder posiciones en materia de competitividad?